El Black Friday de este año cae el viernes 27 de noviembre. Faltan nueve semanas y media, y la mayoría de las tiendas pequeñas empezará a pensar en ello a primeros de mes.
Llegarán tarde. No a la campaña: a la decisión que la condiciona entera.
Porque el descuento que puedas anunciar el 27 de noviembre no se decide el 27 de noviembre. Se decide en los treinta días anteriores, y esos treinta días empiezan el 28 de octubre.
Qué dice exactamente la ley
Cuando una tienda anuncia un producto rebajado, tiene que enseñar el precio anterior junto al nuevo. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que casi nadie tiene presente es cómo define la ley ese «precio anterior».
El artículo 20.1 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista lo dice con estas palabras: el precio anterior es «el menor que hubiese sido aplicado sobre productos idénticos en los treinta días precedentes».
No es el precio de tarifa. No es el precio recomendado por el fabricante. No es el que tenía en enero. Es el más bajo al que tú lo vendiste en los treinta días de antes.
Esa redacción viene de la Directiva europea 2019/2161 y está en vigor en España desde el 28 de mayo de 2022. No es nueva. Lo que sí es nuevo es que se esté aplicando.
Lo que eso significa en tu tienda, con fechas
Si tu campaña arranca el viernes 27 de noviembre, la ventana de treinta días que cuenta va del 28 de octubre al 26 de noviembre.
Traducido: el precio más bajo que pongas a cada producto entre esas dos fechas es el techo de tu descuento. Si el 15 de noviembre haces una promoción de fin de semana y dejas un artículo a 60 €, el 27 de noviembre tu «precio anterior» para ese artículo es 60 €, no los 100 € de la etiqueta. Aunque los 100 € sean el precio de todo el año.
Y encadena. Si haces una promoción en noviembre, el precio de esa promoción es el que cuenta para la siguiente. Muchas tiendas se comen su propio Black Friday con una campaña de Halloween hecha sin mirar el calendario.
Lo que se está sancionando
Esto dejó de ser teoría. En la campaña de Black Friday de 2023, Consumo sancionó a siete grandes empresas con 350.000 € en total por descuentos falsos, y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirmó la decisión en octubre de 2025.
Dos cosas que conviene separar antes de que te entre el agobio:
La primera, que esto no va de ti todavía. Las sanciones van contra grandes cadenas con campañas masivas, no contra una tienda que vende doscientos pedidos al mes. La probabilidad de que una pyme reciba una inspección por esto es baja.
La segunda, que el problema real no es la multa. Es que si un cliente te pregunta «¿este producto estuvo a este precio de verdad?», tengas que contestar que no lo sabes. Eso pasa mucho más a menudo que una inspección, y pasa delante del cliente.
Porque aquí está el nudo del asunto, y es una pregunta que puedes responder hoy.
La comprobación que puedes hacer esta tarde
Entra en tu tienda y elige un producto cualquiera. Ahora contesta:
¿A qué precio estuvo ese producto el 14 de agosto?
Si la respuesta es «tendría que mirarlo» o «no lo sé», no tienes histórico de precios. Y sin histórico no puedes demostrar cuál era el precio anterior, ni ante un cliente, ni ante nadie.
Casi ninguna tienda pequeña lo guarda. No por dejadez: es que los precios se editan encima. Cambias el número en la ficha y el anterior desaparece. La tienda no lleva un registro de lo que había antes a no ser que alguien lo haya montado a propósito.
Eso tiene arreglo, y es barato. Pero hay que hacerlo antes de que empiece la ventana, porque un histórico que empiezas a guardar el 1 de diciembre no sirve para demostrar nada de noviembre.
La prueba, sin comprar nada
No hace falta un programa para esto. Lo mínimo que te deja dormir tranquilo son cinco minutos el 27 de octubre, el día antes de que se abra la ventana:
Exporta tu catálogo con los precios y guarda el archivo sin tocarlo. Cualquier tienda online exporta a hoja de cálculo. Le pones la fecha en el nombre y lo dejas quieto. Eso es tu foto del «antes».
Repítelo el día que lances la campaña. Con esos dos archivos puedes demostrar, en treinta segundos y delante de quien sea, a qué precio estaba cada producto y desde cuándo.
Si además cambias precios a menudo durante el año, entonces sí merece la pena que la tienda lo registre sola. Pero para esta campaña, dos archivos y una carpeta resuelven el problema entero.
Cuidado con bajar el precio en escalones
Un formato que se ha puesto de moda: empezar la semana con un 10 %, subir al 20 % el jueves y rematar el viernes con el 30 %. La pregunta obvia es sobre qué precio se calcula cada escalón.
La directiva europea contempla una excepción para las rebajas progresivas dentro de una misma campaña, sin interrupciones y sin que el precio suba en ningún momento: en ese caso se puede mantener como referencia el precio previo a toda la campaña. El problema es que España no la ha traspuesto de forma expresa, así que apoyarse en ella es apoyarse en algo que no está escrito en nuestra ley.
Lo seguro es lo aburrido: aplicar la regla de los treinta días en cada escalón. Y si quieres hacer escalones de verdad, decide antes qué precio vas a enseñar como anterior en cada uno, y que sea el mismo.
La segunda cuenta atrás: la de después
La campaña no termina el 30 de noviembre. Termina cuando terminan las devoluciones, y ahí hay otra fecha que casi nadie mira.
En una compra online, el cliente tiene catorce días naturales para devolver sin dar explicaciones. Eso también lo sabe todo el mundo.
Lo que se cuenta peor es desde cuándo. El plazo no arranca el día de la compra: arranca el día que recibe el paquete. En campaña, con los envíos cargados, entre una fecha y otra hay una semana larga — así que lo vendido el 27 de noviembre se sigue pudiendo devolver bien entrado diciembre.
Lo que no sabe casi nadie es qué pasa si no se lo has informado bien: el plazo deja de ser de catorce días y pasa a ser de doce meses más.
Está en el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores, en la redacción de la Ley 3/2014. Si no informas del derecho de desistimiento —sus condiciones, su plazo, el procedimiento y el formulario— antes de que el cliente compre, el plazo para desistir no vence a los catorce días: vence doce meses después de esa fecha.
Una tienda que no lo informa bien puede tener que aceptar la devolución de una compra de Black Friday hasta finales de 2027.
Y hay un detalle que lo hace peor en campaña: si le das la información correcta dentro de ese año, el plazo de catorce días empieza a contar de nuevo desde ese día. Así que arreglarlo en enero no cierra lo vendido en noviembre, solo empieza a contar otra vez.
Las dos frases que, si no están escritas, te cuestan dinero
Y por si el plazo no fuera bastante, esa misma información precontractual decide quién paga qué cuando llega la devolución. Son dos apartados del artículo 97.1, y cada uno se paga por separado.
La primera: quién paga el porte de vuelta. El apartado k) obliga a indicar, cuando proceda, que el cliente asumirá el coste de devolver el producto. Si esa frase no está en tu web antes de la compra, el porte de vuelta lo pagas tú. Multiplícalo por las devoluciones de una campaña y deja de ser un detalle legal.
La segunda: si puedes descontar algo de lo devuelto. Si no has informado del derecho de desistimiento como manda el apartado j), el cliente no responde de la disminución de valor del producto. Traducido: te lo devuelve usado, con la caja abierta y la etiqueta quitada, y no puedes descontarle nada.
Las dos se arreglan escribiendo las frases que faltan en la página de devoluciones y comprobando que se ven antes de pagar, no después. Es una tarde con quien te lleva la web, y no cuesta ni una licencia.
Ponle tu número
Esto deja de ser un asunto legal en cuanto lo multiplicas por lo tuyo. Son dos datos que ya tienes:
Cuántas devoluciones tuviste en la campaña del año pasado × lo que te cuesta a ti un porte de vuelta.
Si el año pasado te devolvieron cuarenta pedidos y el porte te sale a seis euros, son 240 € que pagas o no pagas según esté escrita una frase en tu web. Si te devolvieron doscientos, son mil doscientos.
Haz la multiplicación con tus cifras antes de seguir leyendo. Ese número es lo que vale la tarde de arreglar la página de devoluciones, y es el único argumento que no se discute.
Las cinco cosas que sí puedes hacer, con su fecha
Esto no es una lista de buenas prácticas. Es una cuenta atrás. Estas son las fechas de este año:
| cuándo | qué pasa |
|---|---|
| 27 de octubre | último día para tocar precios libremente, y día de la foto del catálogo |
| 28 de octubre | se abre la ventana de treinta días: lo que bajes a partir de aquí es tu techo |
| 27 de noviembre | Black Friday |
| 30 de noviembre | Cyber Monday |
| mediados de diciembre | vencen las primeras devoluciones: los catorce días cuentan desde que el cliente recibe el paquete, no desde que compra |
| a lo largo de 2027 | siguen vivas las devoluciones de quien no fue informado bien |
Antes del 28 de octubre — es la fecha que manda, porque es cuando se abre la ventana:
- Decide a qué precio va a estar cada producto durante ese mes, y no lo toques. Si quieres hacer una promoción antes de Black Friday, hazla antes del 28, no después. Lo que hagas dentro de la ventana te recorta el descuento que podrás anunciar.
- Exporta el catálogo con sus precios el 27 y guarda el archivo con la fecha en el nombre. Cinco minutos. Esa es tu prueba del «antes», y no depende de que la tienda guarde histórico. Si además quieres el registro automático, pídeselo a quien te lleva la web: es una tarde, no un proyecto.
Antes del 15 de noviembre, que es cuando empieza el nervio:
- Lee tu propia página de devoluciones como si fueras un cliente. ¿Dice el plazo? ¿Dice cómo se devuelve? ¿Hay formulario? ¿Dice quién paga el porte de vuelta? ¿Se ve antes de pagar, o está escondida en el pie? Si la información aparece solo después de la compra, no has informado — y entonces el porte lo pagas tú y no puedes descontar nada de lo que te devuelvan usado.
- Llama a quien te transporta y pregunta dos cosas: si te va a aplicar algún recargo de temporada alta y entre qué fechas, y hasta cuándo puedes entregarle un pedido para que llegue antes de Navidad. Los recargos de campaña existen y son práctica habitual del sector, pero cada contrato es distinto: el número que importa es el tuyo, no una media que hayas leído en un blog.
- Haz el camino entero de compra desde tu móvil, con datos, como un cliente. Hasta el final: elegir, pagar, recibir el correo de confirmación. Donde te atasques tú, se atascan ellos — y en campaña se atascan multiplicados por cinco.
Por qué esto es la campaña, y no el cartel
Se dedica mucho tiempo al cartel del Black Friday y muy poco a lo de arriba. Es comprensible: el cartel se ve y esto no.
Pero mira la lista otra vez. Ninguna de las cinco cosas te obliga a comprar nada. Ninguna necesita una agencia. Las cinco se pueden hacer en dos tardes, y las cinco tienen fecha límite, que es lo que las convierte en trabajo de septiembre y no de noviembre.
Lo que tienen en común es más interesante todavía: ninguna es un problema de la tienda. Son cinco preguntas que nadie tiene anotadas en ningún sitio. El precio de hace dos meses no está escrito. El texto de devoluciones se redactó una vez y no se ha vuelto a leer. La fecha límite del transportista la sabe el transportista. El camino de compra lo ha hecho todo el mundo menos tú.
Es exactamente el mismo patrón que sale en cualquier negocio cuando se mira de cerca: lo que cuesta dinero casi nunca es una herramienta que falta. Es información que existe y no vive en ningún sitio donde alguien la mire.
La campaña es una fecha buena para descubrirlo porque tiene calendario. Pero el 28 de octubre llega igual si no haces nada.
—
Si al leer esto has pensado «no sé a qué precio estaba mi producto en agosto», ya tienes la primera tarea. Y si quieres que alguien mire tu tienda antes de la campaña y te diga qué está sin cubrir, eso es justo lo que hacemos: escríbenos y lo vemos.
